domingo, 4 de diciembre de 2011

Acéptalo, ya no eres Alicia.

- ¿Y bien?¿Dónde la encontraste? - me preguntó reclinado en su silla, balanceándose como si no le importara lo más mínimo, cosa que yo sabía que si por la intensidad de su mirada. 

Eran demasiados años y aunque él fuese él más jodidamente listo de esta manada, había cosas que no se me escapaban, como que estaba preocupado por la muchacha y que se hacía demasiadas preguntas. 

- Pues donde las últimas tres veces. En la misma esquina. El mismo día a la misma hora.

Me senté en el escritorio con una pierna colgando y el codo apoyado sobre la rodilla. 

- Habla con ella, Cris. En serio. Tiene que empezar a poner los pies en la tierra. Esa ya no es su vida, ahora su vida es esto. 

Me interrumpió con un gesto de la mano. Yo sabía que me estaba pasando pero me jodía ver como él no le paraba los pies a la niñata.

- ¿Crees que no lo he intentado? Ya lo he hecho y ¿sabes que se limita a hacer? Sentarse en la silla y no escucharme. Intenté explicarle hace dos días que son los Rituales y la importancia.... te juro que... 

Sabía lo que pasaba por la cabeza de mi ductus. ¿Había hecho bien? ¿Se habría precipitado? ¿Era realmente la adecuada? Son otros tiempos, más convulsos y laxos. Esto no se habría permitido hace veinte años. No lo habría permitido ningún otro Guardián. No con Monçada vivo. Pero Cris parece tenerle una paciencia especial a la chica. 

- Hablaré con ella... otra vez. Quiero darle una oportunidad para que espabile por sí sola. Esto no es un patio de colegio - apretó la pluma en su mano recostado en la silla giratoria - Y no es una niña.

Se inclinó y desde la mampara transparente del despacho, la vió sentada en su espacio de cualquier manera, indolente, mirando a la nada. Y frunció el ceño desagradado. 



La joven pegó un salto cuando apareció por detrás suya con una frase ronca en la boca

- ¿Qué haces aquí?

Se volvió hacia él, enervada y al comprobar la identidad, relajó el rostro y volvió a lo que estaba, husmeando desde una esquina cómo un chaval cercano a los treinta, con pintas de pijo repulido, salía de un portal. 

- ¿Te manda... mi... él? - dijo reticente con esa voz de postadolescente cabreada con el mundo.

- Sire. Puedes decirlo. 

- Ya, como quieras

- Alicia...  - advirtió el tipo con unas pintas que habría hecho cruzarse a otra acera a gran parte de la población de Madrid

- No soy Alicia - hay un silencio tenso - Es Fernando - señala al tipo - Ha vuelto a retomar los estudios ¿sabes? Nunca pensé que diría esto, pero le echo de menos - confesó por fin - Creo que va a cenar con papá y mamá, tienen reserva como cada Sábado en el Casino de Gran Vía. Reserva sólo para tres - suspira - Hoy parece que tiene mejor cara. 
Dullio posó sus manos sobre el hombro de la chica que ya no era Alicia. 

- Tu misma lo has dicho, esta ya no es tu vida. Ólvidalos... o les harás daño. Y no creo que desees eso. Aunque si es asi, cuenta conmigo - le guiñó cómplice, lo que consiguió arrancar probablemente la primera sonrisa real de sus preciosos labios desde hacía dos meses. 

- Les voy a extrañar. A mi familia. A mi padre....

- Ahora tienes una nueva y un nuevo papel - reiteró el hombre - Vamos, nena, te invito a un trago y hablamos por el camino. Pero que no se entere Zel o me matará por no haberla avisado 

Y con las manos en la espalda de la chica que empezaba a dejar atrás su pasado, la sacó de aquella esquina, distrayéndola. 


- No soy su padre - remarcó - Ya lo hemos hablado, y se empeña en comportarse como tal cosa. 

Comprendía como se sentía Cris. La Espada no era lugar para niñaterías. Si algo había aprendido es que el Sabbat no crea cobardes ni estúpidos. Y ella no lo era, ni lo uno ni lo otro, pero si seguía remoloneando en sus deberes terminaría cansando a alguien. Por ejemplo al Obispo. Y en estos días eso no sería nada bueno. Nada de nada. Eso encabronaría hasta al más santo de los Sires. El esfuerzo de elegir e investigar a un chiquillo, tirado por la borda por la insensatez de la niña. Alicia no se daba cuenta de ello. 

- A otro quizás no le importaría pero ella va a tener que buscarse un nombre mejor que Alicia. Ese le trae demasiados recuerdos - intenté romper el hielo - Tiene que aceptar lo que es y quién es ahora.

Me sorprendía a mi mismo a veces; pero cuando mi ductus pedía mi opinión como sacerdote ( y como amigo) no podía sino poner toda la cordura en el asador y si era necesario, hacer de abogado del diablo de la pobre muchacha. Algún día se daría cuenta que podía conseguir mucho más de su Sire por las buenas que por las malas. Pero no sería yo quien se lo hiciera ver. Así como no le diría a Cristian que hay ocasiones en que el alumno necesita una disciplina algo más férrea. Que dejarla a su aire no era precisamente lo mejor con una chica que estaba acostumbrada a salirse siempre con la suya y a hacer lo que le diera la gana. Pero eso es decirle a un colega cómo llevar a su chiquillo. Y cada uno debe saber como manejarse con su progenie. Aunque sea una muchachita tan encantadoramente tozuda. Yo no sería quien me metiera en esos berenjenales.

- Alicia, ¿puedes venir un momento?

Me levanté cuando Cristian la llamó y ella acudió de bastante mala gana, se repantingó en el sillón de peor gana aún y le dirigió a Cris una mirada que elevaba al cuadrado la abulia que mostraban sus formas. Y a mi un gesto entre la desconfianza y la rabia. 

Salí discretamente del despacho alegando que tenía tema con el asunto de los latin, viendo que el ambiente se iba a poner caldeadito y al pasar por delante de Mortimer musité algo así como " tío, la próxima vez, la sigues tú"

Desde su rincón oscuro, el Nosferatu contestó con algo que parecía una risa de un perro ahogándose. 

Levanté la persinana del supermercado, esperando que a la vuelta, las aguas se hubieran calmado.

Estudiándola...

Ella estaba sola en la barra esperando a que el camarero le sirviera por fin las tres bebidas que había pedido hacía más de cinco minutos. Que poca consideración para una muchacha tan guapa. Y tan especial. Ese camarero se estaba ganando un correctivo. Y todo porque no le había seguido la gracia cuando intentó entrarle. Encima, el gilipollas del rollete con el que había venido la dejaba ir sola. ¿Que caballero haría eso?

Estaba empezando a impacientarse. Lo sabía por el tamborileo constante de los dedos sobre el acero y esa expresión que comenzaba a serle familiar. Lo sabía porque llevaba unas pocas noches observándola y reconocía esa pequeña mueca de desagrado que esbozaban sus labios.

Se puso frente a ella, con un billete de mil en la mano y el codo reposando encima de un charco pegajoso de ginebra. ¿Ahora es cuando el orangután metido a coctelero ponía por fin los tres vasos? Maldito sea, que inoportuno. Aún así, él le sonrió y por encima de las luces epilépticas de la discoteca y una música que se podía cortar con cuchillo pudo ver que ella se había percatado de su movimiento. Y que no le había hecho ninguna gracia.

- ¿Puedo invitarte?

Le encantaba, si señor, le gustaba lo que había visto en esa mirada. Ese gesto, dirigido a un mosquito insignificante que deseaba aplastar; esa mirada de hielo que era capaz de petrificar un infierno mientras cogía las copas con ambas manos. Eso. Eso habría hecho retroceder a cualquier otro. Una pena que no le fuese a servir con él. Ya había comprobado lo que deseaba y no se adentró en la sudorosa marabunta humana para seguirla.

No se había equivocado hacía una semana. Había pasado demasiado desde que siguiera su última corazonada y esta vez se alegraba de no haber perdido su toque. 


Apoyó ambos codos despreocupado en la barra y de lejos, la observaba intensamente. Era jóven aún. Como el buen vino todavía debía madurar. Tiempo al tiempo.

....¿Le conoces? .....Pues es bastante guapo, podrías presentarmelo, rica, que no todas tenemos pareja.....

No escuchó (más bien intuyó) nada más de lo que le decía aquella otra muchacha. Ni le importaba. Ella cogió la copa, le dio un trago y se marchó con el chaval con el que había venido. Con la música a otra parte. No se volvió a mirar hacia el rincón donde estaba, ni falta que hacía.

 Apenas cinco minutos después él, el que le había parecido atractivo a alguien sin importancia, salía del local con las manos metidas en los bolsillos. Caminó taciturno por una de las muchas calles llenas de un Madrid que comenzaba a despuntar los primeros días del otoño y que se avecinaban fríos.

La puerta chirrió al abrirse. Como siempre. Alguien debería echarle aceite. Y como siempre, en la misma esquina estaba cada cual metido en sus asuntos. Asuntos que no preguntaba más que para obtener resultados. Allá cada uno con como pasaba sus noches. 

- ¿Y a este que cojones le pasa ahora? - preguntó Dullio, el tipo con pintas de macarra verbenero, despatarrado entre cojines con el deplorable aspecto de una resaca.

Dullio se incorporó asomándose  por encima de las cajas, para mirar a su flamante compañera de manada, elevando una ceja inquisidora. ¿Había sido Zelenia? ¿Tenía esa expresión por ella? ¿Habrían vuelto a las andadas? ¿Otra vez? A juzgar por el gesto que le devolvió ella, diría que no sabía en qué ajo andaba metido su colega.

 - ¡Eh Cris! Tío ¿qué te ha dado?

Hacía años que no le veía sonreir de esa manera. Demasiados años. Eso le resultaba inquietante. Él, Cristian, se giró, le devolvió una de sus típicas miradas enigmáticas y su gesto se volvió más amplio si cabía. Estaba contento y en esos tiempos era demasiado decir.

Entró en su despacho tranquilo, dejando que las sombras cerraran suavemente la puerta tras de sí.

sábado, 13 de noviembre de 2010

La Carta

Mucho tiempo ha transcurrido desde aquel entonces, y nada de lo que solía ser y prometieron que sería, ha vuelto a su origen. El mundo ha cambiado radicalmente y no es ni la sombra de antaño.

“Las ciudades dejaron de ser ciudades, la vida dejó de ser vida y la Humanidad… la Humanidad perdió su propia humanidad”


Todo aquel pasado, prohibido ahora e inexistente, ha llegado hasta mí, como una mera burbuja del ayer: una cápsula que amenaza con estallar y lanzar los miles de fragmentos del recuerdo a todo el vacío eterno en el que decidimos sumirnos. No debemos perderlo y tan sólo tengo un instante de lucidez para decírtelo antes que las tinieblas vuelvan a dominarme.

Es un conocimiento que no debe extraviarse, una tradición condenada al olvido, tapada por unas verdades a medias que concibieron una realidad difusa a la cual, ni tú, ni yo pertenecemos.

Corrían los primeros años del siglo – o quizás fuera el final del anterior. Han transcurrido más de doscientos años y mi débil memoria no puede recordar con precisión los detalles

El mundo vivía convulsionado y una época reformadora se avecinaba sin que nadie pudiera sospecharlo ni evitarlo.

Por aquel entonces, dos Razas dominaban la Hermandad, en constantes disputas por conseguir el poder. Dicen que fueron la evolución de unos seres anteriores que en un instante fatídico del alba de los tiempos, más allá de donde memoria alcance a recordar, nos escindimos los unos de los otros, logrando así alejarnos por todo aquello que nos diferenciaba, más que acercarnos por lo que podía habernos unido.

Las Razas son casi tan antiguas como la Humanidad y nacieron mucho antes del advenimiento de la tercera era, cuando el mundo, agotados todos sus recursos y casi extinta la vida, amenazaba con disolverse y desaparecer. Y sólo con la venida de "Ellos" se equilibraba la frágil balanza de la que pendía el futuro del planeta.

Los primeros que nacieron de los humanos, fueron los llamados Buscadores de Sueños. Eran seres complejos y extraordinarios, llenos en su totalidad de una sustancia plateada y viscosa. Donadores de vida y luz.
No se diferenciaban de los humanos en nada; pero si les mirabas fijamente a los ojos, en el fondo, donde se leen los pensamientos, brillaba sin poder ocultarse la Materia Onírica.

La otra Raza eran los llamados Gneos Ni buenos ni malos, sólo diferentes. Estos, a su vez, estaban tan vacíos de materia como llenos los Buscadores. Se movían por puro impulso de un Gas Gnosis que los componía y al igual que los otros, era imposible reconocerlos.

En realidad no sé si todo esto es cierto; prefiero creer que sí, pues si no, estamos realmente abocados a la perdición.

La Hermandad se nivelaba gracias a la mezcla Materia con Gas y es por esta mixtura, que logró seguir latiendo, regenerándose y en cierto modo, sobreviviendo al ser dadores del alma.

Mas te digo, pequeña, que los tiempos han cambiado. Las leyendas y los fragmentos de recuerdos se perdieron entre la segunda y tercera era.

He conseguido, como quien arma un puzzle incompleto, reordenar las partes del cristal que resultó este ayer confuso; aún así, tengo lagunas por completar que intentaré inventar, si es que soy capaz.

La Guerra se cernió sobre la Humanidad sin avisar y solamente cuando sus estragos hicieron mella en los Seres, entonces, demasiado tarde, comprendimos que sucedía.

Poco a poco el mundo dejó de latir otra vez. La esencia donadora desapareció dejándose de filtrar en la realidad. Mejor pensado, dejó de ser eficaz. Ciertas especies perecieron, como los que velaban los sueños de los niños, quienes se volvieron transparentes; entonces dejaron de existir los sueños y tras ellos, los niños.

Los límites de la sabiduría rozaba un poco por debajo la Eternidad de la Bi-Raza. Pero quisieron llegar más allá.

De todo esto que te cuento, nada será reconocible por ti. Conseguí averiguar la verdad y su porqué también demasiado tarde, aunque no lo suficiente como para perderme en el camino.

Los Buscadores estaban extinguiéndose.

Lo que no se supo, querida Iskhaneirâ, es que los Humanos ansiaban controlar el poder de las Razas y sólo podían obtenerlo a través de la Mezcla.

Dicen las leyendas, que en los albores, las Razas, escribieron el camino de todos y cada uno de los vivos que existían, que existieron y que alguna vez existirían, codificados en astillas de estrella. Las pusieron lejos de su alcance, cerca del firmamento, esperando el momento en que cada fragmento ocuparía su lugar en el devenir.

Los Gneos culparon de tales anhelos, a los Buscadores. De envenenarlos con exceso de Materia, de corromperlos con deseos absurdos y promesas imposibles. E impusieron el Régimen de la Razón
Censuraron las voluntades y amilanaron a las mentes creativas que los movían. El arte fue lo primero en languidecer seguido de los inventos, las fantasías y todo aquello que estaba insuflado de Materia.

Inyectaron una mega-dosis de Gnosis para contrarrestar. Los seres comenzaron a volverse grises, pétreos e inanimados. Uno igual al otro y este igual al anterior, al que sucedía, al que se iba o se quedaba. Seres iguales, viviendo en lugares iguales, laberintos iguales, donde todos ellos eran un eterno Asterión; lugares sin salida. Lugares sin vida.

Entonces los Gneos mandaron construir las mal llamadas Urbes. No-lugares escondidos, para no recibir , ni recordar haber recibido, el destino guardado en los astros; confinándolos en un ambiente estéril y viciado de Gnosis.

Fue cuando la Humanidad se sentenció.

Los seres perdieron la capacidad de amar, de reír, de pensar. Con ellos la capacidad de tener esperanzas. Y finalmente, la capacidad de vivir, sumidos en un ciclo de monotonía y rutina.

Los objetos que recordaban otras épocas, fueron confiscados en un intento por borrar un pasado de se desdibujaba a cada instante.

"Las ciudades dejaron de ser ciudades, la vida dejó de ser vida y la Humanidad… la Humanidad se vio despojada de todo aquello que la hacía llamarse Humanidad.
Y los Buscadores se agotaron de buscar sueños que no existían y simplemente se extinguieron… pero dentro de la densa oscuridad permanece un halo de luz cortante"


Si. Como imaginas, conocí a la última Buscadora.

Cuando todavía se usaban los nombres, ella tenía el más delicioso jamás pronunciado.

Sentada en uno de los último lugares verdes que perduraban (y que nunca llegarás a conocer), me confesó todo a duras penas mientras agonizaba. Vivía como sombra oculta manteniendo viva la llama de los últimos delirios, recipiente del último resquicio de Materia, para conservarlo y legarlo.


La esperanza seguiría habitando en la luz de estrellas que habíamos recogido para formar nuestro porvenir, espacios atemporales por los que transitábamos con alegrías robadas… con segundos robados. Espacios que ahora comienzo a recuperar.

A su partida, dejé de creer, pues los seres habían dejado de ser seres.

Hoy, un brote de fe me alienta y me impulsa, pues recién ayer te encontré. El futuro renació.

Iskhaneirâ, aún eres joven y no alcanzas a tener conciencia del destino que te espera.

Eres la herencia de todo lo que todavía es fábula. Eres el germen que renovará las conciencias; un nuevo génesis. Eres, porque la Humanidad desea recuperar su memoria colectiva.


Más de un siglo ha pasado desde que ella sucumbiera y ahora tú, hija del milagro, estás aquí. Tienes el primer nombre en mucho tiempo, cuando hace décadas que yo olvidé el mío.

Sé que mi estancia aquí se agota y sólo en este instante, en el umbral de mi fin, comprendo cuál es mi misión. Este puzzle incompleto jamás será completado por mí. Mis añicos de destino están colocados. Es la última migaja la que resta por encajar. La llave maestra que cierra mi círculo… el punto de origen que tú comenzarás.

Mi fin, es sólo tu comienzo, tu lucha por devolverle la salud a este Universo extraño.

Esta partícula que te lego, es el último fragmento de estrella que los seres encontramos. Con él cimentarás una nueva historia, abrirás una nueva era y regalarás un nuevo amanecer. Cáliz del último rescoldo de Materia Onírica que he custodiado a buen recaudo.

Infinitésimo del que forjarás un infinito y cuya insignificancia, encierra en su potencia la semilla de un alba.

Es ella, soy yo, tú y todo, concentrado en un segundo. La herencia guardada. Ese era mi renglón en la obra, perdurar hasta transmitirte este legado, hasta conocer a quien pueda derramar la Materia como simiente de vida.

Como intuyes, linda niña, eres la Última. Eres a su vez la Primera, eres el recuerdo de la Raza que insiste en perpetuarse.

Pero no estarás sola esta vez. Yo me iré, pues concluyó mi cometido. La Humanidad será quien te ayude. Desean despertar, recuperar lo que les perteneció y les robaron. Es algo latente en ellos, intrínseco a su naturaleza.

Ve Iskhaneirâ y de este vestigio que aquí te entrego… devuélveles sus sueños.

sábado, 9 de octubre de 2010

Rodrigo de Guadalete

                 Aquí os dejo otro personaje para vampiro, en Edad Oscura.
Rodrigo es uno de los diligentes de la Hispania vampírica sobre el año 1000. Se dirige a una reunión orquestada por Andrés de Ponferrada, quien les tenderá una trampa. Su historia comienza en el punto que parte al encuentro. Pero lo anterior... lo cuentan estos fragmentos de su memoria.


“En el año de nuestro señor de setecientos once, a mes de julio, me encuentro frente a frente con las hordas sarracenas del comandante Tariq y Muza. Nos superan en número y fuerzas. Su fe les ha traído hasta las tierras que mis padres llevan gobernando desde tiempos ancestrales. Y yo, Don Rodrigo, último rey visigodo, estoy aquí para combatirlos”

El sol daba de cara y esa es la desventaja de los que van a perder. Desde sus espaldas, más de mil jinetes de la caballería, preparados con lanzasy adargas. En la colina de enfrente se contabilizaban diez mil caballeros musulmanes portando la media luna en sus astas. El sudor corría por la frente de Rodrigo cuando dio el aviso de ataque.

“Hace más de cuatro lunas, vino a mí, ella. Era una señora alta y hermosa. Era noble, una Princesa. Su rictus severo me dejó entrever que había visto más batallas de las que mis jóvenes ojos jamás comprenderían. Otras batallas. Necesitaba alguien para combatir las fuerzas de la oscuridad que habían penetrado en el reino desde la llegada de los enviados de Ala.
De su propio interior me dio fuerzas para deponer a los sicarios de Damasco, pero nada de eso es suficiente. Ojala llegase un milagro que nos permitiera salir victoriosos de esta Guerra. Por la gloria de Dios”

La lucha encarnizada se debatió más de dos días a caballo y a pie. Los soldados caían en el campo de batalla, producto del desangramiento y la fatiga. Rodrigo, como hombre valeroso, había portado con orgullo las insignias que lo habían hecho rey. Tres hombres a su frente y ahora sólo la luna le acompañaba. Su caballo se encabritó, cuando quiso darse cuenta, tres flechas surcaban el pecho del corcel. Cada una de cada caballero. Tardó poco en morir su fiel amigo. Pero él, no cayó. Al menos no de esa manera

“Se cuenta, que han encontrado el caballo del rey a orillas del Guadalete, muerto. Es lo que hablaban las leyendas populares. Se sospecha que el rey murió con él y los infieles han llevado su cabeza, blandiéndola como un triunfo entre los suyos. Esa noche, entró el mal en nuestra tierra para quedarse”

El hombre despertó en una celda oscura con una mujer a su lado. Aquella que poco tiempo antes, había ido a darle fuerzas para la contienda que se avecinaba. Lo que el noble no sabia, era, que por lo que debía luchar es su alma y no su vida.
Ahora tendido en el camastro y con las heridas sanadas mira a la señora  y siente una profunda gratitud. Ella le habla y le explica lo que es y así comienza, en la oscuridad, sus días.

“Desde aquella noche, lucho contra la amenaza del sur que se extiende como un parásito por nuestras tierras. Soy don Rodrigo de Guadalete, cainita de los Nobles Ventrue y chiquillo de la Princesa Beatriz de Burgos, que en el día 16 de julio del año 711 de nuestro señor, decidió unirme a sus huestes para defender las almas de los hombres que habitan en la luz.
Hace más de trescientos años de aquel hecho, y hoy mi fiel escudero Fernando y los dos sirvientes de Beatriz, los que me llevaron moribundo a sus brazos, me acompañan a una reunión al norte de Medina del Campo.
Llevo tres siglos batallando por conseguir una Hispania libre del yugo, la tiranía y la opresión. En la esperanza de conseguir un entendimiento, acudo a la cita raudo. Confío en que esta reunión de los reyes Castellanos lleve a buen puerto el fin de la guerra. Y que Dios proteja nuestras almas”

Don Rodrigo de Guadalete, enero del año 1012
Extracto de sus memorias

domingo, 13 de junio de 2010

ANNA

Tras un tiempo sin escribir, aquí os dejo la historia de un personaje nuevo. Estará ambientado en la Nueva orleans sobre 1794 aproximadamente, en un mundo como las novelas de las "Crónicas Vampíricas " de Anne Rice, donde la raza de los vampiros son seres bestiales y monstruosos, a la par que encantadores y  seductores. Una visión casi romanticista de ese mundo de la oscuridad

La protagonista es Anna de Witt. Una joven heredera de 16 años..... El resto de cosas  os la contará su historia. 

Tia Margaret

Anna
Gäel
 
Aquel día estaba sentada en la sala de estar de Tía Margaret. Llevaba dos horas aguantando su sempiterna charla sobre el papel de una mujer, sobre el recato y sobre el deber para con mi familia.
Está claro que Tía Margaret es soltera. Tenía arrugas desde que la conocí y según mis recuerdos de eso hace casi 16 años.

Como iba diciendo, la tarde se me antojaba aburrida y monótona. Me estaba abanicando con mi mano enguantada. Eran los primeros días de Julio y en Nueva Orleáns eso era sinónimo de un bochorno sofocante. Nunca pasa nada en este lugar provinciano.

Sentada con recato en el sofá, estaba asfixiándome con mi vestido blanco inmaculado de tafetán que padre había hecho traer expresamente de París. Mi mente divagaba por entre los maizales de la hacienda, mucho más libre que mi cuerpo.

Los bucles habían comenzado a deshacerse de mi tocado conforme avanzaba la tarde. Nunca comprendí porqué si Madre y Padre iban a la reunión del Alcalde, yo debía quedarme con alguna carabina.

En Boston, donde vivía hasta hace 5 años, la vida nocturna era más ajetreada y divertida. Ahora, en la Hacienda de Witt todo son trabas y aburrimiento.

A lo que viene la charla de la tía es, a que en dos meses más o menos, voy a casarme con un hombre que me dobla la edad, la corpulencia y el patrimonio. Es algo que he evitado a toda costa pero la edad de merecer y la oportunidad de obtener un enlace provechoso para mi familia… está pasando.

Tía Margaret seguía con su perorata cuando decidí ir por limonada. Sumisión, esa era la clave. Lo debió ver con buenos ojos y aunque tiene un excelente servicio doméstico de color, fui por la bebida. Al fijarme, había caído ya el sol por el horizonte y comencé a oír tambores que llamaron mi atención en el patio trasero de la hacienda de Margaret.

Sabía que los esclavos y los de baja ralea se reúnen para celebrar sus festividades paganas, lejos de las manos del señor todopoderoso, unas herencias arraigadas de cuando vivían con los animistas en África. O al menos eso es lo que dice el tío Clancy, el reverendo de la parroquia del Norte.

Ese día no habría sido nada digno de mención ni de recuerdo, si no hubiera sido porque me topé con una de las criaturas más fascinantes que jamás pensé que poblasen la tierra.

Él era alto y fibroso. Masculino. Demasiado masculino. Su color más que negro era semejante al chocolate claro y sus rasgos eran finos, demasiado para ser un hombre de color. Sin embargo lo que más me impactó no fue su mirada cambiante y dorada, sino la lujuria que conseguí ver a través de ellos.

El fuego relucía cercano en una hoguera y los mestizos y mulatos danzaban a su alrededor mientras bebían. Pero nada de ese frenesí parecía afectarme y el mundo a mi alrededor discurría tan lento como si se hubiera podido paralizar.

Fue solo un segundo. Recuerdo que fue solo un segundo. Un solo segundo que me desvelo un sentimiento profundo y desasosegante: que la sonrisa sardónica que esbozaba podría conducirme a la perdición si se lo proponía.

Jamás pensé que así sería.

Abochornada y ruborizada por mis sentimientos huí de la posesión de sus ojos con vergüenza, escondiéndome de su influjo, chocándome con las paredes hasta llegar al estar. La respiración entrecortada y la incomodidad tardaron demasiado en pasarse. Y mientras Margaret, ajena a mis tribulaciones, proseguía con su discurso, mi mente rememoraba ese segundo fatídico.

Desde entonces, todo cambió. Las noches se volvieron insoportables en la soledad de mi alcoba y pensamientos impuros, lascivos, poblaron mi mente sin saber siquiera de dónde podrían provenir. En mi condición de heredera virginal, habían protegido mi inocencia. Mas el sentimiento que se extendía desde el interior de mi vientre cada vez que pensaba en Él, mi misterioso desconocido, tenía poco de casto y recatado. Era fuego y líquido.

Las visitas a la casa de Margaret me producían una mezcolanza de angustia y anhelo. El pavor de verlo y el temor de no verlo. Una contradicción dentro de mi misma. Un acto que despertaba la mujer libidinosa que subyacía dormida en mí. Él despertaba en mí el deseo del pecado.


Al anochecer de otro día de Agosto, volví a toparme con sus ojos que regresaron a prendar a los míos. Esta vez, la Hacienda dormía. Nueva Orleáns hibernaba en el silencio de los grillos entre la paja segada. Las antorchas habían sido apagadas hacía horas y era de suponer que todos estaban a merced de los brazos de Morfeo.
La desazón de mi soledad y el calor insoportable del estío me habían obligado a salir a porche, a pasear. El camisón se enredaba entre mis talones al avanzar, se pegaba a mi cuerpo y el aire estancado apenas movía el pelo revuelto.

Y de repente, Él estaba ahí. Seductor y furtivo. Mirándome desde la oscuridad que arrojan los árboles. Oculto de la luz de la luna, pero sus ojos, esos ojos por los que me convertiría en una mujer perdida si me lo pidiera…. esos ojos estaban ahí.
Y otro segundo después ya no estaban. La confusión y la congoja me azotaban a partes iguales. El no saber donde había ido y la sensación de pérdida por no encontrarle.

Otro segundo y noté como estaba tras de mí. Y el mundo empezó a girar y yo con él. Sus pasos seguros no hacían resonar la madera del piso. Mis pies desnudos si sentían ese tacto rugoso, tanto como mis manos podían intuir la tersura de sus músculos bajo el linón de la camisa tosca. Bajé la mirada por pudor y vergüenza, mientras el seguía a mi alrededor, caminando suave, acechándome como un depredador. Mi propia percepción era capaz de notar que dibujaba de nuevo esa sonrisa de perdición en su rostro de ángel de ébano.

Solo fue otro segundo y su mano (una mano suave, no de esclavo) elevó mi mentón, haciendo que me perdiera de nuevo en el abismo oscuro de sus ojos dorados.

Y al siguiente segundo es cuando comencé a pensar que no era más que otro producto de mi imaginación. Un sueño. Estaba sola en el porche.

Sola y en silencio.

Y sin embargo el lugar donde rozó mi piel, aún me arde.

martes, 23 de febrero de 2010

El amanecer

Estaba revisando de entre mis papeles digitales. Removiendo entre los recuerdos que nunca olvidaré por mucho que viva. Encontre cierta cancioncilla que compuse hace .... ummmm .... hace ahora unos 7 años.

Me despertó nostalgia porque recordé una noche que (jamás pensé que diría esto) pero, ahora la tengo como algo bueno. Una anécdota divertida que contar cuando sea mayor, de mi época de estudiante.
Recuerdo como nos pasamos toda una noche componiendo formatos, pegando trozos de la maqueta.
Recuerdo además... como nos asustamos al ver salir el sol. ¿Por qué tenía yo una ventana dando al Este?... que vampiresilla soy. Pues, el ver como el dorado inundaba mi habitación nos provocó panico a esa Gran Silvi, La Gran Ana y ... a mi misma. El S.A.S. al completo. (¿recordais chicas?)

Que tiempos, cuando Autocad 2000 daba error fatal. Los primeros pinitos en un mundo de informática que se compondría de parte de nuestra vida. Quién lo diria. ¿Recordais los cascotes de madera de balsa, cartón pluma y (oh dios) el tufo a pegamento de pegar dedos?

Alguien me dijo que al final, olvidariamos lo malo y nos quedaríamos con esos recuerdos. Ana dandose cabezazos contra la esquina de mi baño. Silvia.... riendose y yo acordandome de la PdI (puta del infierno) de mi impresora en compinche con mi ordenador demoniaco y poseido por sombreados que se movían.

Cuando habíamos dado la cuarta vuelta a la lista de reproduccion (Silvi, por fi, cambia la lista XD, con operacion triunfo....ejem)

Bueno pues aqui os dejo la letra. La musica es de los fresones rebeldes "Al amanecer". Musica original

EL amanecer. 

No es que me emocione otro amanecer
es que es el segundo que ya vuelvo a ver
es que yo estoy que ni me mantengo en pie
es que no duermo... desde antes de ayer.

Un dos tres y ...
Cada entrega me vuelve a ocurrir
comienza el dia y sigo sin imprimir
no me salen las líneas, yo no puedo seguir
Y es que esto ya no tiene solución,
si apago el portatil se me queda peor
y si le prendo fuego, quien se jode soy yo. 

No te pares nena, venga que me tengo ya que ir
No te pares "beiby" y termina ya de imprimir
Por favor, profesor, necesito un día más
hoy no puedo entregar, porque tengo que plottear. 

Cada entrega me vuelve a ocurrir, 
termina el día y sigo yo sin dormir
Mañana examen y no puedo seguir. 
Es que esto no tiene comparación. 
Si me dejo las mates, 
me queda construcción, 
pero si suspendo proyectos ¿que hago yo?
Y no tengo apuntes y ha clase no he podido ir
¡y ahora que me estudio!
en geometría me van a crujir. 
Por favor, director, organice esto mejor
y en el de construcción, distribuyannos pharmaton.....


PD: Para ellas, vosotras sabeis quienes sois ;).... (patri aunque nos reniegues tu tambien estas ahi dentro... algún dia pondré el nacipatapa)

martes, 5 de enero de 2010

Feliz Año!!!

Es propio felicitar el año el dia 1, pero...es que todavía estoy saturada de esas palabras. No se a quién le deseé un "próspero 2010" y a quién no. A quién vi y a quién no vi.

Va para todos esos que las Navidades llega un punto que son abrumadoras. Por esos que no les gusta los mantecaos (pero si las hojaldrinas). Por esos que tendrán una discusión con la balanza el día 6. Para los que se incorporan a trabajar o a estudiar el día 7. Por los que tras el papel de regalo arrugado en una esquina, queda un cierto sentimiento de vacío en esta vorágine consumista de regalos ( y que conste que me encanta ver la cara que ponen al abrirlos)

Para que todos tengan un buen año, independientemente de cuando empiece para ellos. Tal vez el día que aprueben una oposición empieza su nuevo año, o cuando nace su hijo (felicidades Moni) o cuando saben un resultado positivo o encuentran un amor.

Para todos, esta canción de Mika que alegra la entrada de año. (He de reconocer que esa estética Cartoon años 70, cada día me engancha más. Gracias Guz por enseñármela)


miércoles, 30 de diciembre de 2009

El escarabajo

"Nombre del pintor que tiene un cuadro llamado El Nacimiento de Jesucristo y que vivió entre 1540 y 1614"....  "¿Cómo?" Nerviosismo; quién será... ¿Velázquez? Claro, las fechas parecen encajar....

Resulta que no, que el cuadro de Velázquez es La adoración de los Magos. ¿Quién entonces?... El Greco... "Ahhhh" palabras de decepción y risas. Una noche de Trivial en el Escarabajo café en Málaga.

Hacía tiempo que no recordaba lo divertido que es que te corrijan algo. ¿Ganaremos? ¿Perderemos?... ¿Alguien sabía como se llaman los renos en América?... ¿Caribú? ... alucinante. (Hay una sonrisa en mi rostro durante 2 horas)

Ayer me di cuenta lo poco importante que es ganar o perder, siempre que se pase un buen rato.
Eso sí, ahora recordaré siempre que el dia 26 en Inglaterra se celebra el Boxing Day (El día de las cajas).

Trivial temático por Navidad y un equipo de 6 personas, muchas risas, muchos nervios ¿Habremos acertado? ¿Si? ¿No?

Por supuesto los fotogramas de las películas los acertamos todíiiiiiiitos.... como se nota la generación que somos. Te das cuenta al ver las respuestas que tienes ya una cierta edad. Que hay gente más pequeña que tú en el café que no las saben o no las conocen... o si... pero lo peor es que tú las vistes ¡en el estreno!. Solo en casa, Batman de 1989, Los fantasmas atrapan al jefe, Los Gremlins.... La generación de los 80 (o 90 si consideras la adolescencia)


Y llegué a una conclusión. ¿No son los juegos la mejor forma de aprender? Esto lo dejo aquí para esas amigas que están estudiando oposiciones para ser Profesoras... o Maestras (esos guías en el camino) Sé de una que cambiará el concepto de las matemáticas (oh pat!)

Un guiño. ¿Un trivial para aprender? Sana competición y seguro que algunos de los conceptos no se les olvida, ¿alguna palabra en ingles?¿Una fórmula? ¿El seno era positivo o negativo en....?

Mientras tanto, un trivial en el Escarabajo café, un martes por la noche. (Gracias Eva por llevarme )

domingo, 20 de diciembre de 2009

Mara

Hoy no estoy especialmente narrativa a pesar te haber tenido un fin de semana estupendo con mi chiqui, mis compis de piso (es que ex compis suena fatal) y dos amigos, Adair y Emilio.Quizás mañana ponga peripecias y aventuras de las noches de casquera.

Acabo de llegar de sevilla y me ha traido unos recuerdos estupendos.

Escuchando en el Mp3, rescate una de mis canciones de la época en la que estuve en el piso de Nuestra señora del pilar (lugar friki donde los haya y con gente estupenda como no se encuentra en este mundo)

Os la dejo porque no tiene desperdicio. Es de Joaquin Serrat, Joaquin Sabina (me encantan ambos!) León Gieco y Víctor Heredia



Ya sabemos donde están las cosas muertas,
esos rostros de asesinos que regresan
a explicarnos que jamás hicieron nada,
no sé bien donde poner tanta tristeza.

Hoy tratemos de olvidar tanta mentira,
no quisiera darte un beso con tal pena
que presientas otra vez esas heridas,
destilando su dolor de cosas viejas.

Mara, Mara, Mara,
déjame sentarme aquí
a pensar tan sólo en vos
a mirar en tus ojos estrellas
más grandes que el sol.

Al final la vida tiene esa costumbre
de mezclar su cubilete de tal forma,
que no hay quien pueda llegar hasta la cumbre
sin sufrir estrictamente algunas normas.

Hoy sé bien adonde están las cosas muertas,
no me vengan con oscuras bendiciones,
sólo quiero un beso tibio de la vida
sin recuerdos de tortura y dictadores.

sábado, 19 de diciembre de 2009

En el metro no hace frio.

Hay un ritual que me gusta de los días que paso en Madrid.

Me pongo un abrigo grueso. Uno acolchado que he comprado expresamente para irme allí. Ajusto mis guantes y en el bolsillo trasero del vaquero, guardo el abono de 10 viajes rosa. Siempre es igual. Los mismos pasos, el mp3 sonando hasta la puerta del metro y mientras bajo las escaleras, te recibe una bocanada de aire.

En el metro no hace frío.

Al contrario. En cuanto entro por la puerta, quito siempre el guante izquierdo y luego el derecho y llevo la mano a mi pantalón. Son esos pequeños gestos que no olvido. ¿A la izquierda o a la derecha? Ya casi ni miro los carteles. Siempre a la izquierda. Corro escaleras mecánicas abajo y me voy al fondo de la estación, porque en la siguiente, me pilla mejor para bajarme. Es una racionalidad que voy perfeccionando día a dia.

Hoy es uno de los trenes de esos nuevos que son con asientos más comodos y no me hace sentirme en los años 70. Siempre va lleno y siempre va gente, aunque ponga

Siguiente tren direccion Arganda del Rey
01 minutos

Me hace gracia, pierdes uno y piensas, sólo un minuto. Casi sonrio. Si no fuera porque tengo prisa me quedaría horas en el metro viendo pasar la gente. Casi pienso que podrías saber mucho de todos por como se comportan. Siento que se reune allá abajo un coctail de todo un poco. El hombre de enfrente tiene barba y aunque su pinta es de empresario, le veo leer un periodico de estos gratuitos como el que. La chica de color de enfrente lee Rayuela y me acuerdo de Patri (vuelvo a sonreir)

Todo esto, siempre observado desde la parte de arriba de mi libro. Me siento un poco más espectadora cada día que entro.

Esta mañana me di cuenta que todos tienen la misma cara y el mismo gesto. Anodino y neutro y decidi mirarme al espejo (vi que tenia el mismo, un gesto que no era mío) y esboce una risa bien abierta, de repente, la mujer de enfrente también lo hizo. El día mejoraba un poco.

La muchacha joven (apenas llegaría a la treintena) de enfrente, está dormida, pero estoy segura que sabe cuando tiene que pararse. Es toda una ciencia y es fascinante ver como se para en la Avenida América y hordas de gente (como solo se ven en el telediario en rebajas) salen para tomar la línea 6 o la 4. Corro hacia el otro metro y suena el pitido pero he conseguido llegar, sobre todo porque me dije que me subiria y lo hice.

Encuentro un sitio para pasar las 6 paradas que separan Avenida América de Ciudad universitaria y vuelvo a la rutina de quitar el pequeño bono (mi salvapáginas madrileño) y seguir leyendo.

Tengo que decir algo realmente bueno. La gente lee más y eso es contagioso. Sería 20 o 25 en el vagón y al menos 10 iban leyendo. Al día siguiente me llevé un libro porque me apetecía.

Llego a la estación y de nuevo el ritual, mientras camino (he cogido un vicio a componerme mientras ando) me pongo el acolchado de maldito doble carro que siempre se engancha y antes de pasar la barrera para salir, ya estoy totalmente vestida y con calor.

Y es que en el metro no hace frío, pero fuera si.

Supongo que es otra forma de sentir el tiempo, allá abajo parece que no pasa y lo que fueron 5 minutos, bien pudieron parecer 30. Pero sobre todo, al contrario. Y es que miro el reloj y cuando llego a clase ha pasado 1 hora desde que sali.

Sonrio porque se que a la vuelta, otras 10 o 15 paginas del libro me esperan. Ya no tengo excusa para decir que no tengo tiempo para leer, ni tengo que poner excusas para poder leer. Me gusta.

martes, 15 de diciembre de 2009

El callejón de los suspiros. Parte I


El callejón está oscuro. Ni siquiera los guardias hacen ronda por esa parte de la ciudad, a pesar de que se les tiene dicho de realizarla. Eso es conveniente para los pasos del hombre. No son escuchados, no son sentidos. El cuero en la planta de sus pies amortigua las pisadas contra los adoquines. Una sombra en las sombras. Convenientemente solitario.


Su rostro desconocido y tapado por una capucha, al igual que su nombre y sus intenciones. A mitad de la calle lóbrega se para y toca en una puerta. En el quicio hay unas señales irreconocibles para ojos que no quieren ni pueden ver. Pero él toca.


     - Llegas tarde - una voz rasposa desde dentro.
     - Lo sé – seco -. Abre; daré explicaciones a tu amo.


Las bisagras oxidadas chirrían al entornar el portalón y el encapuchado se desliza hacia el interior de lo que se puede creer que es un hogar. Ahora si que impera el silencio en la noche.
Él retira su cobertura, ambas caras reconocidas no se dedican ni una mirada fugaz. ¿Para que? Saben lo que van a ver en los ojos del otro.


     - Te espera en el salón – rudo – Es más de una hora la que lleva impacientándose.
     - He dicho que daré explicaciones a tu amo – severo – Y te convendría mostrar un poco más de respeto


El rostro blanquecino le mira inhumano. Sus facciones modeladas por lustros de pesar dolor son el reflejo de su alma marchita. Su interlocutor, siente como el pánico se apodera de él y debe bajar sumisamente la cabeza. Hay silencio de nuevo, sus palabras han traspasado cualquier límite razonable. Al menos razonable para lo que es él.


     - Como digáis, mi señor – consiente – Os acompaño al lugar.


Retira su capa asintiendo ante la oferta del criado. No es propio mostrarse ante su señor, con tales vestiduras raídas y llenas de polvo del viaje. Aunque así lo requiriese el encargo. Se atusa su melena desarreglada y su barba, comprobando el estado del uniforme de la orden. Definitivamente, esos ropajes han visto noches mejores, pero poco se podía hacer ya. Había oído al turco, llevaba una hora esperando y precisamente la paciencia no era uno de los fuertes de su señor.   Mucho menos cuando el mensaje que portaba no hacía nada por mejorar las posibilidades de evitar su cólera.


El descenso por los rincones de la casa y las puertas ocultas entre los tapices se le antojó eterno y agónico. No quería ni enfrentar la fuerza de su mirada por el dolor que sabía que podía arrojar sobre él. Porque con un vistazo “él” sabría que no mentía y eso era peor que mentir. A veces, deseaba no ser tan transparente. O no serlo para él, pero nada podía evitarlo. Sus lazos le ligaba y le obligaba.


El turco tomó entonces un candelabro sobre un mueble viejo a su izquierda, encendió las 2 velas que había en él y prosiguió el descenso por los escalones irregulares tallados en piedra. Más cerca de una posible condenación. Y más lejos de las puertas. Pero no en vano él era lo más parecido a un mercenario y cumplía sus misiones. Y esta era una más de ellas. Quizás la última.


La puerta de roble a su frente estaba remachada con unas simples tachuelas  y entre los huecos de la madera podía ver la luz anaranjada que sale de la sala. Un amago de suspiro, puesto que uno de verdad no sería cierto, y valor.


Sus ánimos se perciben en la sala. El enojo es mucho mayor de lo previsto. Podía notarlo en la forma en que sus nudillos agarraban el material del reposabrazos de metal. Mal… peor.


Se arrodilla y baja la cabeza. Su acompañante se retira y cierra la única comunicación con el exterior.


     - Disculpad el retraso de este humilde siervo vuestro. No merezco la compasión que demostráis mi señor. Deseaba estar seguro de poder cumplir con el encargo.   
     - No merecéis ni un retazo de la sangre que disfrutáis – enérgico y malhumorado – pero aún así, sé que no ha sido vuestra falla – meditabundo y mirando al techo – De todas maneras, os demorasteis. No solo con vuestra presencia, sino con vuestras noticias que ya están desfasadas. Ya me informaron “otros” Malaka ha caído – con regocijo.
     - Entonces, mi señor – servil – vuestros planes progresan como planeó.
     - No todos – gruñe – Maldita “niña”
     - Hay algo más, mi señor… – calla con el silencio de los condenados.

lunes, 14 de diciembre de 2009

... Me sigue oliendo a azahar.

Como dice la canción, "Sevilla tiene un color especial..."

¿A qué viene esto? Sencillo, este fin de semana acompaño a mi amor, a Sevilla a hacer un examen de oposiciones. Vuelvo, como ella una vez me dijo, al lugar donde vivimos tantas cosas. Vuelvo a un lugar, que pese a ser "oficialmente" antagónico a mi tierra, Málaga, tiene un hueco demasiado especial en mi corazón.

Y es que, Sevilla es como Arquitectura (valgame la comparación) y como los amores. O se les odia o se les ama. Pero es imposible las medias pasiones cuando de ellos se refiere. Y es que a veces es tan fina la línea que los separa que se confunde.

Hubo un tiempo que pensé que la odiaba con todas mis fuerzas. Odiaba a Sevilla y a todo lo que representaba. Pero no se puede odiar un lugar donde has vivido tanto bueno, y tanto "malo" que se ha convertido en buenas anécdotas para el recuerdo. Fueron siete preciosos años de mi vida pasados allí. Siete años (como los siete bíblicos que sufrieron las tribus de Jose) de bonanza y penurias. El encanto de la ciudad, sigue impregnado en mis retinas y sus aromas todavía vienen a mi mente, no en vano "... me sigue oliendo a azahar".

De allí me quedo con sus calles y sus vistas, sus jardines y sus edificios. Los lugares con encanto que esconden rincones entrañables. De allí me quedo con la gente foránea, esos sevillanos de las cañitas y el Betis que tanto aprendí a apreciar, con la gente que viene de fuera y que adopta Sevilla como propia, l@s amig@s que conoci en el camino y que siempre tendrán un huequito en el corazón, pues cada uno ha significado un algo y ha creado una parte de lo que es mi caracter (para bien... eso espero... o para mal)

A Sevilla no se la puede odiar (a pesar de que en la feria de Málaga griten sevillano el que no bote). Odie el tiempo que significaba quedarme estancada y el año pasado temblaba de visitar la ciudad y de coger el tren para pararme en San Bernardo.

Entonces ¿por qué se me cae una lágrima cada vez que en el mp3 pasa la cancion "Sevilla tiene un color especial "? Porque la echo de menos. Esta mañana caminando hacia la estación (destino Madrid) pasaba por mi cabeza todas las imágenes que han poblado esos años.

Porque para mí, Sevilla es una tarde lluviosa en Reina Mercedes y un dia de sofocante calor en la Cartuja. Es una canción al lado del Guadalquivir y un tango en la feria de las naciones en Octubre. Es una cocacola en la taberna del porvenir y un dia de Judas en el Paseo de Europa. Son paseos con mi amor por el puente de Triana y un mediodia dibujando las casas viejas de la trasera de Calle Castilla. Sevilla es el miedo a ver el amanecer con un error fatal y las risas bailando la conga por los pasillos de la residencia. Es un dia comiendo en San Marco con mis padres y otro dia en el oriental con Mar y mis amigas del "friki world". Es mi primera partida de vampiro en la habitación 231, novatadas en la terraza (nunca olvidare la carrera de caballos) y pintura de cara en la 208. Es una maqueta rota, esas entregas incompletas y sueños finalmente cumplidos.

Son tantas cosas que no caben en una sola entrada, pero lo que esta claro es que no puedo odiar una ciudad que me vio crecer en muchos sentidos. Y aunque esa etapa está cerrada y lo sentí ese último dia que recogí un carpetón negro tamaño A1 con el fruto de mis pesadillas, espero no perderte nunca. Hoy Sevilla te pido perdon: Lo siento; de veras te extraño... sigues teniendo tu duende.

GHARNATA OSCURA


"Algún lugar subterráneo de Gharnata, Septiembre de 1487

La sala está muda y solo se oye el crepitar de las antorchas. Las sombras que arrojan sobre las pareces son tan oscuras como el ánimo de los Nueve que hay en la sala.

- ¡No puede ser verdad! ¡Es imposible! - gruñe el hombre. Su rostro cetrino refleja preocupación tanta como en su voz ronca y autoritaria.

- Son ciertas las nuevas que han traído varios de mis informadores - corrobora reflexiva una mujer de rostro maduro y piel tostada - Las murallas de Malaka han caído hace menos de una luna. ¿Esa era la protección que pensabais brindarle al Reino?

- Algo se nos ha de haber escapado, mi señora - no sin un cierto soniquete de ironía mezclado con la gravedad del momento - Algo o ... alguien - mira alrededor, al círculo convocado en la mesa.

Las Nueve personas de la estancia notan como el silencio es mas acusador que las palabras y la tensión es papable en el propio oscilar del fuego

- Parad - la voz de la mujer joven irrumpe. Suave como un trino y no más elevada que el susurro de un colibrí, sin embargo, es imperante – Los pasos pertinentes han sido dados. Si es necesario, yo misma lo haré, pero…. - dubita - Recordad la palabra dada - mira con severidad al resto - Paz, “hermanos”


Se levanta y va a salir del conventículo enterrado. A su paso, en el quicio de la puerta le ataja un hombre de ojos fríos que permanecía expectante en las sombras. Posa su mano en el antebrazo gentilmente murmurando:



- Espero que estéis segura de lo que vais a emprender.


Los ojos de la joven, aún infantiles, muestran una carga tras de ellos.


- Más nos vale, mi señor, o estaremos perdidos. Vos mismo lo habéis vislumbrado en mi mente. Y el destino no miente... Y las visiones son el testigo de ello.


Le deja ir, no sin seguirla con desasosiego hasta que su presencia se disuelve a lo lejos, entre las sombras de la galería de piedra."




Esta es la Introduccion de la partida de rol que narro "Gharnata Oscura"
Está ambientada en los años previos a la conquista de Granada (1489). Un lugar convulsionado, revuelto y peligroso, donde los jugadores deberán vivir y sobrevivir. La crónica de una Edad Oscura, en una ciudad oscura con un futuro oscuro. 


A todos los interesados en jugar una partida de rol por mail de "Vampiro: Edad Oscura", les recomiendo visitar la pagina:



donde aparecerá en breve la información de la partida, o enviadme un correo a:




Además la plataforma de Ultimo Bastión contiene otras partidas muy interesantes como son: 


*Bajo tierra (Vampiro: La mascarada) Narrado por Master.edel
*Leyawiin Oscura (Vampiro: Edad Oscura) Narrado por Master.Vedartha.


sábado, 12 de diciembre de 2009

...Y EL SULTÁN LA MANDÓ LLAMAR A LA ALCOBA

Dentro de todos nosotros haya un algo que nos impulsa a ser narradores de lo que nos sucede. Ya sea de cosas que vemos a diario, como de cosas que solo vemos en nuestra cabeza.

A veces es dificil contar las cosas y a veces no. Todos nos sentimos un poco esa Scherezade, quizás al borde de un abismo o quizás elocuente por inventar nuevos mundos.
Hace un par de meses, me converti en una Scherezade, una narradora en una partida de rol que decidí crear. Echaba de menos eso de expresar a través de las palabras los sentimientos y las imágenes que veia dentro de mi; todo eso que es impensable o que es incatalogable en el mundo racional que vivimos y que a veces... queremos que siga existiendo magia.

Hoy quiero que no solo se quede en esos correos sino que pueda contarle a mis amigos las cosas que solía contarles, a los que están cerca y a los que están lejos. Y a todos aquellos que quieran incorporarse. Adelánte, siempre hay sitio y son bienvenidos en esos rincones de contar leyendas. 

Veamos si los cuentos que deseo contar hoy (algunos verdaderos y algunos inventados) llegan a buenos oidos y el sultán me perdona la vida y me deja ver un nuevo amanecer.

Y ahora mis queridos sultanes....Érase una vez...